¿Cómo sería una eventual vuelta a clases en la Ciudad?

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Analizan la implementación del modelo israelí conocido como “4-10” y evalúan aplicarlo en el mes de agosto.

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires está avanzando en un protocolo que definirá las condiciones para que la educación formal retome su actividad. Cuando el contexto sea el más propicio, suponen que en el mes de agosto, se continuará con el ciclo lectivo siguiendo como referencia un modelo israelí conocido como “4-10”, que divide los cursos y distribuye a los grupos de alumnos en diferentes días para evitar el hacinamiento.

En principio, este sistema separa a los cursos en dos grupos para que haya una mayor separación entre los asistentes. El primer grupo cursa la primer semana, de lunes a jueves, y vuelve a clases a la tercer semana. El segundo grupo tiene el mismo horario, de lunes a jueves, pero asiste a clases durante la segunda semana y vuelve a clases en la cuarta. Es decir, en este esquema cada curso tiene un descanso de una semana, que es aprovechado para que el otro asista con comodidad y condiciones sanitarias.

Detrás de ese esquema hay una lógica científica que va de la mano con las características del virus: En caso de haber un contagio en el aula, el COVID-19 tiene un período latente, que se extiende durante tres días. En ese período, los nuevos infectados tienen pocas o nulas posibilidades de contagiar a sus compañeros. Una vez pasada esa ventana, los chicos ya estarían en el hogar, cumpliendo el aislamiento. Por lo cual, estiman, las chances de que un curso entero se contagie se reducen. Superados los 10 días en el hogar se cumplirá el ciclo de dos semanas. De ese modo, ya podrían volver a las escuelas sin riesgos.

Con este método comenzarían a volver a las aulas los alumnos porteños. Mientras en casi todo el país las clases presenciales se retomarán en agosto, después de las vacaciones de invierno, en el Área Metropolitana de Buenos Aires todavía no hay certezas ya que en estos momentos  la curva de contagios se encuentra en alza y hasta que no estén dadas las condiciones, no se podrán reabrir las escuelas. “Ojalá sea en agosto el regreso”, deslizaron a Infobae fuentes oficiales, con poca expectativa de que en verdad sea factible.

Además del esquema “4-10”, el gobierno porteño tiene en mente otras medidas que cambiarán la “normalidad” de los establecimientos. El retorno será escalonado. El primer grupo en volver serían los docentes, directivos, personal administrativo y auxiliares para que cada uno avance en sus tareas, ya sea de planificación, puesta a punto y limpieza de los establecimientos. En principio, afirman, sería dos semanas antes del regreso de los estudiantes.

Dentro del protocolo, se incluye una serie de medidas complementarias como es reducir la duración de la jornada en solo tres horas, que el ingreso y la salida de los establecimientos sea en tandas, cada 10 o 15 minutos para evitar los amontonamientos y que los micros escolares deberán viajar dos alumnos como máximo por cada hilera de asientos. Cabe recalcar que todos los chicos tendrán que ingresar con barbijo, a excepción de los menores de 6 o 7 años. Ciertamente, las rutinas diarias cambiarán por completo, al menos en una primera instancia y se promoverá con mucho énfasis el lavado de manos varias veces por día y la toma de la temperatura a los asistentes.

Según informó el Ministerio de Educación de la Ciudad, la prioridad de la vuelta será para los últimos cursos de cada nivel, es decir, séptimo grado de primaria y quinto año de secundaria. Cuando se retome el ciclo presencial, habrá una instancia de nivelación de los aprendizajes alcanzados a distancia y, en base a esa información, definirán tutorías para acompañar a los alumnos rezagados.

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