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Cuando el lenguaje es la violencia

¿Qué está pasando? ¿Por qué tanta violencia? ¿Han habido “tiempos mejores”, tiempos mas calmos?

Encendemos la televisión, y a diario somos testigos de incontables casos donde la violencia se manifiesta en todos sus matices. Desde el nivel mas sutil, hasta su máxima expresión. Homicidios, femicidios, robos seguidos de muerte, delitos sexuales, y toda una catarata de noticias, entre las cuales no faltan casos entre famosos o personajes mediáticos. Modos de vincularse en los que prima la violencia, y donde tampoco faltan los hijos como botín de guerra, como moneda de cambio. Cosificados como objetos que se dan o se quitan para extorsionar al cónyuge, privándolos de su estatuto de niños y de sujetos.

Pero no somos testigos de estas escenas solo a través de la pantalla de televisión. Todos o casi todos hemos protagonizado en alguna oportunidad, situaciones violentas: algún asalto, presenciando una riña en la calle entre automovilistas, o realizando una llamada al 911 cuando advertimos que alguien en el vecindario está en una situación doméstica mucho mas grave que una discusión. Entonces nos preguntamos….¿qué está pasando? ¿por qué tanta violencia? ¿han habido “tiempos mejores”, tiempos mas calmos?

La humanidad, desde sus orígenes, ha tenido que lidiar con los aspectos hostiles, propios y del semejante: el líder de un clan o tribu contra el líder de la tribu forastera que ocupaba sus tierras y espacios, o se llevaba sus mujeres, las guerras en todos los tiempos de la historia del mundo, desde la antigüedad, pasando por el Medioevo, hasta la actualidad.

S. Freud, el padre del Psicoanálisis, situó dos pulsiones básicas y primarias (pulsión entendida como lo mas visceral del sujeto): amor y muerte. En uno de sus ensayos maestros, “El malestar en la cultura”, explica de que manera, las sociedades de todos los tiempos se las han ingeniado para inventar toda clase de situaciones que permitan maltratar, humillar, aniquilar y denigrar al semejante. Sin emitir juicios sobre la “maldad” o “bondad”, explica que la pulsión de muerte o destructiva habita a todo sujeto, independientemente de su condición social, cultural o económica, pues es inherente a la condición humana, y es habitar el mundo “con otros” lo que nos obliga a resignar gran parte de esa pulsión destructiva, ya sea reprimiéndola o transformándola para otros fines menos violentos y mas aceptados socialmente.

Las guerras, la esclavitud, la trata de personas, la inquisición sin ir mas lejos, disfrazada de religión, entre muchas otras, dan cuenta de ello. Como contracara, hallamos las expresiones artísticas o el deporte, entre muchas otras, que permiten vehiculizar los aspectos destructivos con acciones admitidas y aceptadas por la sociedad, o con fines mas elevados y nobles.

Nos preguntamos entonces, si la pulsión de muerte o de destrucción, es universal ¿por qué algunos sujetos son manifiestamente violentos y otros no? ¿por qué alguien puede ser extremadamente violento y agresivo con su pareja y resultar “encantador” para el afuera?

Pues es que, en verdad, el sujeto violento, sabe que lo es, y en la mayoría de los casos puede hacerse responsable de sus actos. Es decir, lo que para la justicia y el Derecho Penal se nombra o califica como “imputable”. Alguien consciente del daño que provoca o puede provocar, y aún así, lo hace.

En estos casos, estaríamos dando cuenta de un nivel de impulsividad elevado, que dificulta al sujeto, pensar antes de actuar, y medir las consecuencias de sus acto, mas allá de ciertos matices que ponen en tela de juicio, cuanto hay de premeditación en cada agresor.

Resulta formidable advertir los avances de la humanidad en todas las áreas, pero llamativamente, el género humano parece no haber hallado un mecanismo que permita regular la violencia. Tal como rezaba el Maestro Freud, el único camino posible es “la cultura”, entendida como entramado social donde el sujeto interactúa con otros, y se ve “forzado” a dejar de lado la satisfacción inmediata de sus pulsiones, en pos de cierta “espera regulada”, que le permita ganar otras cosas: vínculos, relaciones, normas que permitan la convivencia, trabajo, producción de arte y cultura, socialización, etc., pero no se deviene un ser social, sin dejar de lado pulsión.

Precios que se deben pagar para estar en el mundo “con otros”. Cada sujeto tiene su decisión.

Lic. Patricia B. Gutman

Psicoanalista

Mail: psicosenda@hotmail.com

Celular: 15-3366-5014

Coordinadora de Encuentros Reflexivos

http://www.facebook.com/Encuentros-Reflexivos-1621832278039088/

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