¿Por qué no se puede revelar la identidad de los infectados con Coronavirus?

barbijo coronavirus

Una medida que pareciera ayudar a prevenir nuevos casos está prohibida por Ley.

Con el pasar de los días, crece la cantidad de casos de contagios registrados en nuestro país de manera inesperada. Hasta hace una o dos semanas, se contaban con los dedos de una mano. Sin embargo, a pesar de todas las medidas de contención que se están implementando, hoy el números de infectados en nuestro país asciende a 56 y lo más probable es que en pocas horas sean muchos más. ¿Estamos haciendo todo para frenar el avance del Coronavirus o este es un caso de “la cura es peor que la enfermedad”?

No está de más volver a señalar que si hay algo que caracteriza a este virus es su poder de infección y que la manifestación de sus síntomas puede demorar unos días hasta que la persona descubra su padecimiento. Mientras tanto, por mas que se decrete una cuarentena, se cierren establecimientos públicos y se prohíba la asistencia a pequeños, medianos y grandes eventos, si hay algo que no se puede evitar es la interacción social del ser humano.

Si se pudiera sintetizar en pocas palabras la gran cantidad de medidas que los gobiernos de todos los países, entre ellos Argentina, han puesto en marcha para detener el avance de esta enfermedad que podría poner en jaque a los sistemas de salud, sería “información”. Se ha facilitado información de mucha utilidad para que cada persona tome las medidas adecuadas ante esta situación de crisis: Desde adoptar una cuidadosa higiene hasta evitar ser parte de una concentración de gente.

Ahora bien, quizás falta un dato muy relevante que la población debiera conocer y es la identidad de aquellos que, lamentablemente, se contagiaron. Podría ser de utilidad para todos y es que nadie sabe si ha estado o estará en contacto con algún enfermo, sea familiar, amigo, vecino, conocido, colega, etc. No para señalar o acusar, no para estigmatizar, no para quitarle la palabra de por vida sino para tomar recaudo ante esta circunstancia tan particular.

Esto es solo una sugerencia porque lo primordial ante una situación tan apremiante como esta emergencia sanitaria es cumplir con la ley e informarse que existe una norma que regula el tratamiento y la protección de los datos personales.

La Agencia de Acceso a la Información Pública comunica que el tratamiento de información referida a la salud es una actividad que debe llevarse adelante con especial cuidado, respetando la privacidad de las personas, de acuerdo a la Ley 25.326, donde se remarca algunos de los principios fundamentales de la regulación vigente referidos a datos personales en cuestiones de salud:

  • Los datos de salud son una categoría de datos sensibles y en consecuencia merecen una protección más rigurosa (arts. 2 y 7 – Ley 25.326).
  • La divulgación del nombre de un paciente que padezca de Coronavirus requiere de su consentimiento (art. 5 – Ley 25.326).
  • Los establecimientos sanitarios y los profesionales de la salud pueden procesar y cederse entre sí datos de los pacientes, siempre y cuando cumplan con el secreto profesional (art. 8 – Ley 25.326).
  • La obligación de secreto profesional subsistirá aun después de finalizada la relación con el paciente (art. 10 – Ley 25.326).
  • Para usar la información del paciente con fines incompatibles con su tratamiento médico, se debe requerir su consentimiento pleno, libre e informado (art. 4, inc. 3 y art. 5 – Ley 25.326).
  • El Ministerio de Salud de la Nación y los ministerios provinciales se encuentran facultados a requerir, recolectar, cederse entre sí o procesar de cualquier otro modo información de salud sin consentimiento de los pacientes, conforme a las competencias explícitas e implícitas que les hayan sido conferidas por ley (art. 5, inc. 2 b y art. 11, inc. 3 b – Ley 25.326).

De esta manera, se puede concluir que como el público, los ciudadanos no pueden acceder al listado de las personas infectadas con Coronavirus en nuestro país por una cuestión legal, el único remedio al alcance de todos es que cada uno extreme las medidas de salud y las tome con la seriedad suficiente como para llegar considerar que a cualquiera le puede llegar a pasar, que a todos nos puede llegar a pasar.

Solicitamos 1.000.000 de respiradores, urgente

respirador

Un vecino de Villa Devoto le pide una mano al presidente de la República Popular China para terminar con la pandemia o, al menos, mitigar sus consecuencias en los países más vulnerables como la Argentina. Sugiere que el país oriental debería ponerse a disposición del resto del mundo en la fabricación de insumos básicos y equipos médicos para que los sistemas de salud puedan dar una respuesta eficaz a ante el aluvión de contagiados por Coronavirus.

“Un millón de respiradores”, reclama el presidente de la Cooperadora del Hospital “Dr. Abel Zubizarreta”,Vicente Roccasalva, en una carta publicada en ingles y en español en las redes sociales. Un documento dirigido especialmente al presidente de China, país donde tuvo origen la enfermedad que azota prácticamente a todos los países del mundo, país que declaró haber controlado la situación en su territorio desde hace poco más de un mes y, ciertamente, un país que tiene el poder económico suficiente como para detener esta crisis mundial.


Solicitamos 1.000.000 de respiradores, urgente.

Sr Presidente Xi Jinping de la La República Popular China.

Estimado Presidente, el pueblo argentino ha sido siempre muy solidario con todos los habitantes del mundo, prueba de esto, siempre hemos recibido a todos los nacidos en su país, que desearon vivir y trabajar en nuestro país .
En ciencia cierta, todavía no se saben con exactitud el origen de este virus ( coronavirus) .
Pero fue en la ciudad de Wuhan, la cuna de la pandemia, donde se empezó a expandir.
Ya pasaron dos meses, y el pueblo Chino, volvió a sus trabajos y a estabilizar su economía regional.
Ósea qué hay millones de seres humanos en China, listo para trabajar para salvar al mundo .
Solicito que fabriquen 1.000.000 de Respiradores, para todo el mundo, y que sean distribuidos especialmente a los países de tercer mundo .
Estimado Presidente Xi Jinping, creo que será una forma de agradecer por los que nosotros hacemos por su pueblo chino .

Atte. Vicente Roccasalva

¿Desde cuándo está permitido circular por la vereda en bicicleta o en moto?

Bicicleta

Quisiera trasmitirles una inquietud que me preocupa mucho.
Desde hace un tiempo, he notado que se ha vuelto muy frecuente la circulación de vehículos como bicicletas y motos sobre las veredas de nuestro barrio, Villa Devoto. Supongo que esta costumbre no es algo que ocurre solo aquí sino muchos barrios de la Ciudad.
En tiempos en los que se construyen ciclovías y se brinda de manera gratuita un servicio de bicicletas para todo el público, debiera establecerse una norma que regule el tránsito de este tipo de vehículos, tanto por una cuestión de seguridad del propio conductor como del resto de personas con quienes comparte el uso de la vía pública. No debe ser muy difícil o complicado hacer esto, que al fin y al cabo mejoraría la convivencia y evitaría todo tipo de problemas.
Es que parece algo inocente o insignificante pero no lo es hasta que ocurre una tragedia. El espacio para que el peatón pueda transitar tranquilo y con comodidad es la vereda, sin embargo parece que hoy en día salir a la calle es un acto temerario, sobre todo para las personas mayores. Parece que a cada paso uno tiene que mirar para todos los costados a ver si no pasa una bicicleta o una moto a toda velocidad.
En mi tiempo, era común que algún chico circulara por la vereda y eso era aceptable solo para aquellos pequeños que estaban haciendo las primeras experiencias con sus bicis. Hoy la vereda se utiliza como si fuera una arteria alternativa más rápida para ciclistas y motociclistas, trabajen o no como repartidores, tengan la edad que tengan. Ahora es algo normal, común, corriente.
Hace algunos años sufrí una experiencia muy dolorosa cuando un familiar saliendo de su casa fue atropellado con una bicicleta por un chico en San Martín, provocándole una caída que le causo una dolorosa muerte por diversas fracturas. El hecho nunca tuvo justicia. Simplemente, ante esa situación, ese chico volvió a subirse a su bicicleta y se fue como vino, dejando atrás a un anciano tirado en el suelo.

Ojalá algún día se regule un poco la circulación en este tipo de vehículos, se controle seriamente el tránsito y, fundamentalmente, se eduque a la población en consecuencia. No es tan complicado entender que no se debería circular sobre ningún vehículo por la vereda.

Vìctor Leonardo Devia

 

Foto por Luca Campioni del sitio web Unsplash

“El Último Primer Día”, el día en que todos miramos para otro lado

último primer día

Hay un día en el año en el que todos miramos para otro lado, lo denominan “El Último Primer Día”. Es un evento que ocurre en la madrugada del primer día del ciclo lectivo de los alumnos del último curso o grado del nivel medio. Es cuando los padres miran para otro lado, las autoridades educativas miran para otro lado, los vecinos miran para otro lado y, por último, las autoridades locales miran para otro lado, validando así una serie de conductas totalmente inapropiadas a una edad tan temprana.

El Último Primer Día es una fecha que se inventó hace muy pocos años y, desde entonces, se ha vuelto una tradición en todas las promociones de los alumnos secundarios como la también infame “Vuelta Olímpica”. Como si hiciera falta, es otro día de descontrol en ese año tan importante en el que debieran reflexionar cuáles son las opciones que estos jóvenes tienen para su vida, qué quieren estudiar, de qué quieren vivir, qué les gustaría hacer y cómo mejorar para obtener mejores resultados. Pero no, nada de eso parece ser importante hoy en día, al contrario. Lo importante es que los chicos vivan la vida y disfruten todo lo que puedan como si no hubiera un mañana, como si no hubiera consecuencias, como si no perjudicaran a nadie. En realidad, si. Sí hay un mañana, sí hay consecuencia y sí perjudican a otras personas porque el marco en el que se lleva a cabo esta clase de celebración no es a puertas cerradas sino en un espacio público y la idea no es mantener ninguna compostura sino festejar al punto de molestar a terceros. Lógicamente, uno se pregunta ¿para qué? o ¿qué necesidad tienen de involucrar a otras personas?

Evidentemente, los que ya pasamos por esa etapa podemos reconocer que, a partir de ese día, nada tiene de “último”. Al contrario, a partir de ese día y durante todo el último año del secundario solo se piensa y se planifica para otro evento de las mismas características como el viaje de egresados, dos semanas más de lo mismo. Todo el mundo lo sabe. De esta manera, el año se termina perdiendo y nada bueno se aprende, lo saben los padres, lo saben los docentes y, por supuesto, lo saben los chicos. Al fin y al cabo, si así quieren vivir la vida, si eso es lo que quieren transmitirle a sus hijos y así es como educan a sus alumnos, es cosa de ellos y uno tiene ningún derecho a meterse en sus decisiones. Ahora bien, ¿por qué tanta saña en molestar, en esta celebración, al vecino, a los demás? ¿Por qué nadie hace nada para ponerle un coto a este tipo de eventos? ¿Por que no se educa para el respeto, para la convivencia en sociedad en un año tan clave como aquel en el que muchos pasan a tener la mayoría de edad? Todos miran para el costado, es una vergüenza. Insisto, si así se normaliza una conducta, de ninguna manera podemos decir que este día ha sido el último sino el primero de muchos.

La verdad es que no sabía qué estaba pasando esa madrugada de lunes en la que me desperté con un batifondo increíble. Calculo que muchos vecinos pasamos por la misma experiencia, la de tener que esperar que se canse el bombo, que se vayan los gritos. Me imagino que muchos habrán llamado a la policía por el susto que se habrán pegado, sobre todo los que viven cerca de la plaza Arenales. Ahí es donde esta “celebración” tuvo lugar: a la vista de todos. Un evento predecible que hasta tuvo la presencia estelar de cronistas del diario Clarín, para relatar esta experiencia única e inolvidable.

¿Saben? Lo más probable es que no haya habido leyes, las normas mínimas de convivencia, que se quebrantaron. No hubieron casos de menores alcoholizados. No hubo ruidos molestos, sobre todo frente a un hospital. No hubo peleas, cosa muy común en este tipo de eventos. Al otro día quedó todo limpio y todos asistieron a clases sobrios, con las horas de sueño correspondientes… No pasa nada. Total, lo mejor es mirar para otro lado, por vergüenza ajena, por complicidad y también por incapacidad.

 

La foto utilizada como referencia es una que imprimió y difundió el diario Clarín.

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