Transitar los duelos

Transitar los duelos

En el transcurso de su vida, el sujeto humano se ve expuesto a diferentes situaciones de duelo: la pérdida de un trabajo, la ruptura de una relación amorosa, el fin de un vínculo de amistad, la partida de los hijos de la casa, la pérdida de la juventud, la muerte de los padres….

Si bien, se trata de diferentes situaciones y contextos, en todos los casos, se trata de un sujeto confrontado con la necesidad de metabolizar, o elaborar una pérdida. Pérdida de un “objeto” valioso, amado, en tanto hemos depositado en él un monto de afecto, de emociones, sentimientos, energía: en términos psicoanalíticos, lo hemos “libidinizado”.

Cuando acontece la pérdida, nos encontramos con que debemos llevar a cabo, un “desasimiento libidinal”, que no es otra cosa que poder retirar, progresivamente, el monto de afecto depositado en esa persona, vinculo u objeto, con todo lo que conlleva.

En un mundo, caracterizado cada vez mas por el mandato de la “buena onda”, y de estar siempre “para arriba”, no siempre están dadas las condiciones para que el proceso de duelo pueda ser llevado a cabo. Se trata, al decir del recientemente fallecido Zygmunt Bauman, de “tiempos líquidos”, donde los amores, los sentimientos, los vínculos, carecen de solidez, y parece no haber espacio ni tiempo para los duelos. Así es como está bien visto “pasar de un amor a otro”, “de una relación a otra”, “de un objeto a otro”, que lo sustituya rápidamente y así “taponar” el dolor. Si bien, no se trata de hacer una “apología del sufrimiento”, la realidad nos muestra que hay situaciones de pérdidas frente a las cuales, no es característico de lo humano permanecer inconmovibles.

Algunas veces, el entorno de quien duela, no facilita el proceso, bajo los mandatos antes mencionados. Otras veces, por dificultades propias del sujeto, o por una relación ambivalente con el objeto perdido, entre otras causas, es que se dificulta este proceso necesario, deseable y saludable.

Pero…. ¿qué implica un duelo?

Como expresamos, el proceso de retirar la libido o monto de afecto de aquello que se ha perdido, implica una retracción de esa carga afectiva. Toda esa energía libidinal, puesta al servicio de una relación, objeto o persona, al perderla, se repliega sobre el sujeto, y es frecuente y característico observar en el sujeto, cierta “falta de interés” en el mundo que lo rodea.

Un trabajo de duelo, presenta diferentes aristas, donde quien duela, a través de la palabra, pueda comenzar a tramitar algo de la angustia por esa pérdida.

Solemos observar diferentes momentos dentro de estos procesos, que pasan primero por la negación de la pérdida, luego un momento depresivo, el cual da lugar a la aceptación.

Los recuerdos y anécdotas en torno al objeto perdido, su relato, su puesta en palabras, ayuda a poder tramitar la pérdida , etapa necesaria para poder dar lugar a algo de la “aceptación” de esa ausencia. El progresivo desasimiento libidinal, con el repliegue sobre sí mismo, también conforma un momento necesario, y en la medida en que el sujeto vaya pudiendo elaborar la pérdida, irá también realizando otras nuevas construcciones que le permitan una re-colocación de esa libido o monto de afecto en otros afectos o intereses.

Puede advertirse que se trata de un proceso complejo que puede tomar cierto tiempo. Algunas veces, cada sujeto va pudiendo transitar el camino por sus propios medios, y en otras ocasiones, se requiere de un acompañamiento que permita a ese sujeto pasar de la desolación, de sentir que “ya nada tiene sentido”, a poder nuevamente hacer circular algo del orden del “deseo.”

 

Lic. Patricia B. Gutman
Psicoanalista

Coordinadora de "Encuentros Reflexivos": https://www.facebook.com/Encuentros-Reflexivos-1621832278039088/
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